martes, 16 de octubre de 2007

Fuera caretas de una vez

La época que estamos viviendo en la actualidad tiene una vertiente que me encanta: la cantidad de caretas que se están cayendo dejando al descubierto los verdaderos rostros de quienes se ocultaban tras ellas. Ha ocurrido con comunicadores que pasaban por liberales, con obispos que se las daban de guardianes de la moral, con medios de comunicación pretendidamente serios y con políticos que presumían de talante democrático. El último en subirse al carro de los descaretados ha sido el ex ministro del PP Jaime Mayor Oreja.

A La derecha española tiene una costumbre pintoresca, la de responder una cosa distinta a la que se le pregunta cuando es cuestionada por un tema embarazoso como es el franquismo. Si se le inquiere sobre los 40 años de dictadura siempre responderá sobre la guerra, como si las cuatro décadas de represión y ausencia de libertades hubieran sido culpa por igual de los dos bandos que batallaron. En la entrevista con La Voz de Galicia, Mayor Oreja intenta irse por los cerros de Úbeda de ésta manera pero finalmente, cual Jack Nicholson en “Algunos hombres buenos”, no puede más y suelta las cosas tal y como se moría por decirlas.

Conceder calidad de "extraordinaria placidez" a unos años dominados por el totalitarismo es concedérselo a toda etapa desarrollada en idénticos términos, sea en el lugar que sea. ¿Acaso no hay manifestaciones a favor de Fidel Castro en Cuba? ¿No hay nostálgicos del comunismo en la Europa del éste que de vez en cuando salen a la calle a rememorar lo que en su criterio fueron tiempos mejores? ¿Acaso no se organizan actos de apoyo al régimen de Corea del Norte e incluso favorables a la junta militar birmana? ¿No sería entonces deducible, según la lógica mayororejil, que para todos éstos la dictadura que reinó o reina en sus respectivos países les proporcionó o les proporciona una, a su juicio, "época de placidez"? Pontificar sobre la realidad de España durante la dictadura desde la posición de comocidad social que a buen seguro disfrutó la familia Mayor Oreja es un insulto, un desprecio hacia todos lo que sufrieron los rigores de la represión franquista.

¿Por qué si no ha salido corriendo el apagafuegos Acebes (manda carallo, enviar a sofocar un fuego al mayor pirómano de su tropa) a matizar las palabras de Mayor Oreja, tomándonos por enésima vez por indigentes mentales al tratar de atribuir otro sentido a lo que se explica por sí mismo?

La conexión que siempre trata de hacer la derecha es: guerra civil=dictadura, intentan situar en el mismo plano la violencia desbocada de dos bandos enzarzados en un conflicto bélico y la ejercida desde los órganos plenipotenciarios de un Estado, en una situación de no guerra, sobre la indefensa población civil a la que tiene sometida. Establecer esa analogía es perverso, vil y falaz, por eso no les gusta que se legisle sobre lo acaecido durante el franquismo, porque les pone en el compromiso moral de tener que pronunciarse sobre una etapa de nuestro país que están lejos de condenar.

Éstos que tanto se rasgan las vestiduras cuando alguien de la orilla contraria tarda medio segundo en condenar un atentado de ETA. Por cierto, ¿acaso no hay vascos, aquellos que no son extorsionados ni amenazados por ubicarse en la vertiente abertzale radical, que consideran que la situación que se vive en Euskadi es merecedora del calificativo de “plácida”? Para Mayor Oreja, una dictadura no ha de ser juzgada con arreglo a criterios objetivos sino en función del grado de comodidad social con que lo vive cada individuo con lo que, en efecto, el ex-ministro de defensa valida toda dictadura que cuente con simpatizantes dentro de su territorio de acción, sean éstos activos o pasivos. ¿Se puede ser tan sinvergüenza de llamar dictadura a lo que se da hoy día en el País Vasco y a continuación no condenar el franquismo?

De ahí tanta cantinela con eso de “quieren abrir las heridas del pasado”. No, lo que se pretende es cerrar las que abrió la dictadura, que en un momento convulso como era el de la transición se dejaron aparcadas en pro del necesario advenimiento democrático. Ahora, con la democracia consolidada, se ponen sobre la mesa los delitos franquistas y la derecha se pone de los nervios, porque saben que todo lo que se legisle sobre la dictadura atañerá directa o indirectamente a muchos de sus referentes intelectuales, y eso es algo que no están dispuestos a consentir. Porque una cosa es ser demócrata cuando los vientos corren a favor de esa postura, pero renunciar o incluso condenar el propio pasado es algo indigerible para muchos, tanto que Mayor Oreja ha terminado vomitando lo que de verdad lleva dentro.

¿Alguien se imagina a éste individuo o al algún otro de su calaña de nuevo como ministro?

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Actualización a 19/10/2007: se han querellado contra Jaime Mayor Oreja por un supuesto delito de enaltecimiento del terrorismo franquista. A ver que tal le sienta ser objeto de aplicación de la medicina que con tanto gusto reparten desde su partido.

Y Javier Ortiz vuelve a dar en el clavo en su columna del diario Público. Con menos palabras se muestra más certero de lo que yo seré nunca. Cómo se nota la diferencia entre un profesional del periodismo y un aprendiz de juntaletras como yo.

2 comentarios:

  1. En algo debo discrepar y ponerme de acuerdo con Mayor Oreja, por raro que parezca... y es que en una cosa tiene razón: para alguna gente el franquismo no fue malo, yo creo que supuso una gran mejora en cuanto a calidad de vida para la familía Franco, para la de Sánchez Mazas, para los Primo Rivera y algunas otras familías adscritas al régimen.

    Ironías a parte, no sé porqué nos debe sorpender esto. Todavía no he escuchado a ningún miembro del Partido Popular condenar el franquismo, ¿por qué iba Mayor Oreja a ser diferente? Eso sí, en el País Vasco, quien no condene el terrorismo automáticamente es terrorista...

    En cierto modo, el País Vasco tiene "algo" de dictadura, y es que la gente no puede expresar públicamente su opinión por miedo a estar en el punto de mira de unos pocos descerebrados...

    Salud!

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