jueves, 20 de agosto de 2009

¿Libertad de enfermar o potestad gubernamental para prohibir el tabaco?

Nuevamente, al igual que me pasó con el proyecto de la ley del aborto, tengo sentimientos encontrados ante una nueva iniciativa legislativa del gobierno, en éste caso la anunciada ampliación de la ley anti-tabaco que contempla la prohibición de fumar en todo recinto cerrado, aunque sea de titularidad privada. Y esta ambivalencia nace de alguien que se declara visceralmente anti tabaco, quiero aclarar.

Según lo que sabemos, la ministra de sanidad quiere prohibir fumar en todos los espacios públicos, entendiéndose como tales cualesquiera donde se reúna un grupo más o menos numeroso de gente. No, no se refiere a estaciones de metro, autobuses, hospitales o ministerios, no. Se refiere esencialmente a negocios privados como las cafeterías, restaurantes, discotecas
y demás establecimientos hosteleros.

Mi pregunta es ¿tiene legitimidad un gobierno para imponerle a un propietario los usos que debe permitir o prohibir dentro de su propiedad? Y que conste que si finalmente la reforma entra en vigor seré el primero en disfrutarlo, pero ello no es óbice para que me haga determinadas preguntas acerca del derecho del Estado a inmiscuirse en la vida privada de sus ciudadanos. A fin de cuentas, la misma libertad que tienen los fumadores de llenar sus pulmones de humo cancerígeno la pueden ejercer los no fumadores absteniéndose de entrar el lugares donde se permita esta práctica.

Intentemos hacer una interpretación que avale la medida como éticamente aceptable. A ver, el gobierno quiere prohibir una actividad al ser
demostradamente perjudicial para la salud, sin embargo permite que ese producto se venda libremente en los estancos, con lo cual se convierte en cómplice pasivo de los mismos males que intenta erradicar. No obstante, esto último se da al amparo del concepto de libertad individual, ya que cada uno es libre de someter a su propio cuerpo a todas las torturas que se le antojen. Ahora bien, si lo hacen en grupo debe prohibirse, ya que existe una alta probabilidad de que en un colectivo de personas reunidas en una porción concreta de espacio haya un más que significativo número de no fumadores, cuyo derecho a no ser ahumados hay que salvaguardar, aun a costa de vulnerar el derecho de los fumadores a hacer con su cuerpo lo que les plazca y el de los propietarios a imponer las normas que estimen oportunas dentro de su propiedad.

Si el gobierno fuese coherente, intentaría legislar al mismo tiempo y en el mismo sentido con respecto al alcohol. ¿O acaso el alcohol en exceso no es perjudicial para la salud? ¿Acaso no provoca adicción? Y si hablamos de actos cotidianos que atacan la salud de las personas, ¿que pasa con los coches y sus emisiones contaminantes? ¿Por qué no se prohíben? Supongo que la respuesta sería que los beneficios de que la gente posea automóviles superan a los perjuicios, además de ayudar a sostener la economía del país. Pero entonces ya no hablamos de ética, sino de economía.

Por otro lado, este proyecto de ampliación de ley no sería más que una extensión de algo que ya existe: en los lugares de trabajo de las empresas privadas ya está prohibido fumar. Repito pues la pregunta, ¿es legítima una intromisión del Estado en la vida privada de los ciudadanos bajo la excusa de preservar su salud? Lo sería, por ejemplo, si blandiera como pretexto el elevado coste económico que para la sanidad pública entraña el vicio de fumar, pero una conclusión lógica de ello sería deslizar la amenaza de retirar el derecho a una asistencia sanitaria pública a todo aquel que enfermara por causa del tabaco, lo cual tendría que ser demostrado por un equipo de expertos y... la cosa se va complicando, ¿verdad?

Yo ahora pienso en todos aquellos hosteleros que se vieron obligados a efectuar reformas en su establecimiento para adaptarse a la primera ley antitabaco. Si finalmente se aprueba la reforma legal, será un dinero tirado a la basura. ¿Quién les compensará? El gobierno se está metiendo en un charco que muchos no van a entender.

11 comentarios:

  1. Yo lo tengo claro, en mi propiedad privada, ya sea mi casa o mi negocio, se hace lo que yo quiera. Si a usted no le gusta, nadie le obliga a venir.

    Un saludo

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  2. Este proyecto de ampliación de la ley antitabaco no es sino otra cabronada más de los socialistas, partido muy habituado a intervenir en la esfera privada del individuo. El problema tiene otras soluciones que no pasan por la violación de tu espacio personal: campañas de publicidad, una mejor educación, más impuestos indirectos en el tabaco y seguros médicos más caros para los fumadores.

    El mismo dilema se planteó hace años en el Reino Unido con los cinturones de seguridad. Pero ahí la situación está más clara: la carretera es un espacio público, y el sistema sanitario no tiene por qué pagar la imprudencia de los conductores.

    Tener un gobierno que vela por tu salud es maravilloso, ¿no? A este paso acabarán declarando obligatoria la masturbación.

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  3. Patxi, no se por qué me da que tú eres fumador...

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  4. Yo no fumo, por lo que en teoria me beneficia, la ley. Pero me opongo a que aumente la introisión del Estado donde no le corresponde.

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  5. Fumaba en pipa en la Universidad para hacerme el interesante ante las chicas burguesas que venían a clase en topolino, y algo de yerba en los 60 del siglo pasado, pero no mucha. Por desgracia llegué tarde a lo de Woodstock.

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  6. ¿Y qué pasa cuando estás en una playa con un grupo de personas cercanas que no paran de fumar y te llegan todos los humos? ¿Tengo que ejercer mi libertad de no ir a la playa... aunque me apetezca y tenga derecho a ir?

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  7. Amigo mío: si estando en la playa te llega humo harías bien en salir corriendo en busca de ayuda. Puede que no sean turistas, sino un incendio forestal.

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  8. Pues yo voto por que todos los que se oponen a que el estado garantice unos mínimos de salud pública (como lo es el aire limpio de sustancias cancerígenas) sean automáticamente excluidos de las prestaciones sanitarias de la Seguridad Social. Hala, si resulta que somos “neoliberales” (aun sin saberlo), que lo seamos con todas las consecuencias.

    Por lo demás, mira que poner en el mismo plano un lugar estrictamente privado (como lo es el interior de una vivienda) y un lugar de propiedad privada pero de carácter público, como lo es un bar o un restaurante...

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  9. Por cierto, Flashman, no sé si tú y los demás habéis caído en la cuenta de que los bares y restaurantes también son centros de trabajo, en los que normalmente suele trabajar alguien más aparte del dueño.

    ¿No merecen una respiración libre de humo esos trabajadores?

    En cuanto a la comparación con el alcohol (y te lo dice un abstemio radical), no cabe hacerla en este plano porque el que bebe, por lo común, no obliga a beber al que tiene al lado.

    Saludos corduriles.

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  10. Sólo intento ver la cuestión desde posturas contrapuestas, sin rechazar de entrada ninguna. Está bien que el Estado ampare unos mínimos de salud pública, pero entonces tendría que actuar contra la industria del automóvil, y otras tantas industrias contaminantes. Desde el punto de vista de la coherencia no es un argumento demasiado brillante.

    Los bares y restaurantes son lugares de trabajo, pero a quienes les está prohibido fUmar es a quienes allí trabajan, no a los clientes.

    El argumento de retirar la asistencia sanitaria pública a los fumadores también es peligroso, porque entonces un liberal contestaría que para qué va a contribuir con sus impuestos a sostener un sistema sanitario que no le atiente, de ahí pasaría a exigir el derecho de objeción a la seguridad social y que la sanidad pública fuera opcional, como una privada más. Y me pregunto cuanta vida le quedaría al sistema nacional de salud sin la aportación de un fuerte sector de contribuyentes.

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  11. Flash, sólo trataba de llevar la argumentación de varios de vosotros a las últimas consecuencias (pero no me retracto de lo dicho).

    Por supuesto, la ley en vigor es una birria, de ahí la contradicción de que en muchos bares (según dimensiones) se pueda fumar violando así los derechos de quienes trabajan en ellos. El gobierno no se atrevió a sacar una ley más dura dada la mentalidad pseudoácrata del pueblo español (en muchos otros países, Reino Unido, p. ej., salió una ley mucho más estricto y se cumple a rajatabla desde el primer día; doy fe de ello pero estaba allí entonces). Justo por eso, hace falta una ley seria que haga respetar los derechos de TODOS a respirar un aire mínimamente limpio.

    Pero no soy optimista. Aun siendo la vigente una ley floja y chapucera, miserables como Amenaza Aguirre y otros derechosos pseudoliberales se dedicaron a boicotearla para hacerla aún más laxa (pese a que su propio partido la había votado en el parlamento). En cuanto a la ley del vino (también de Elena Salgado, quizá la persona más seria que ha ocupado ministerios en los últimos años), ni siquiera le dejaron ver la luz.

    [Lo que dices sobre la industria del automóvil tiene su lógica... pero, hombre, al menos el coche tiene una utilidad intrínseca, lo cual no ocurre con el tabaco.]

    Un cordial saludo.

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