jueves, 9 de octubre de 2008

El cine en casa IV

Cuarta entrega de El cine en casa. Como en las tres anteriores no pretendo ejercer de crítico ni hacer hacer comentarios profesionales. Simplemente me gusta hablar de cine y compartir con mi escasa pero muy apreciada audiencia las impresiones recibidas tras ver una película.

Enlaces relacionados: El cine en casa, El cine en casa II, El cine en casa III y en la etiqueta Cine.

El núcleo (The core, 2003). En ésta cinta que mezcla la ciencia ficción con el cine de catástrofes se nos cuenta cómo la súbita detención del movimiento rotatorio del núcleo terrestre (ahí es nada) amenaza con destruir el planeta, por lo que se decide enviar una expedición al mismo centro de la Tierra para evitarlo. Ésta descripción nos habla de cine de ciencia fícción con muy poco de ciencia y casi todo de ficción dadas las imposibles premisas, lo que podría haber dado lugar a un pastiche indigerible. Pero hete aquí que cuando más flojas eran las espectativas mejor fue el resultado. Se nos ofrecen explicaciones sin rigor científico tanto para los fenómenos acaecidos como para la tecnología empleada para salvar el trance, pero con cierta apariencia (repito, apariencia) de verosimilitud. Esto es, se nos está contando un cuento, pero al menos se han molestado en fabricarle un envoltorio atractivo que consigue que un aficionado al género paladee el producto sin sensación de tomadura de pelo absoluta. La ausencia de romance explícito entre los protagonistas es otro de sus puntos a favor y lo que terminó de convencerme de las bondades de la propuesta.

Sunshine (2007). Justo la virtud que señalaba en El nucleo (la especulación científica, por irreal que sea) es una de las carencias de ésta película británica y con la que guarda no pocos puntos en común. En ésta ocasión el peligro para la Tierra proviene del progresivo apagamiento del Sol, por lo que es enviada una nave espacial cargada de bombas nucleares con el fin de, también, reactivarlo. No se explica nada acerca de la tecnología que permite acercarse tanto al astro rey sin ser desintegrado, que siempre se agradece en éste género cinematográfico aunque sea en plan delirio especulativo, y ello hace que uno entre fríamente en el devenir de los protagonistas. Cuando parece que la cosa va a tirar por derroteros filosófico-teológicos, que no era mala alternativa, finalmente deriva hacia los senderos del género psycho-killer, lo cual defrauda bastante y lastra la media hora final que uno ya observa con marcada indiferencia.

Rebeldes del swing (Swing kids, 1993). Estrenada hace 15 años, me ha resultado toda una sorpresa. La acción se desarrolla en los años 30 en una Alemania que ve como el nazismo incipiente empieza a ocupar espacios de influencia y en la que multitud de jóvenes abarrotan los locales de baile nocturnos para desinhibirse bailando el swing. Pero la rígida y coartante disciplina nazi va imponiendose cada vez más hasta el punto de amenazar la libertad individual. Es un retrato de cómo una sociedad puede ir enfermando poco a poco y de cómo personas aparentemente buenas caen en la maldad cuando disponen de herramientas y autoridad para ejercerla con impunidad. Y de cómo otras se rebelan y mantienen sus principios aun siendo conocedores de las consecuencias. Muy recomendable, contando además con el atractivo de ver en los principales papeles a unos jóvenes Robert Sean Leonard (el dr. Wilson de la serie House) y Christian Bale (el último Batman).

Juno (2007). Éste ejemplo del cine independiente norteamericano ha cosechado muy buenas críticas por su tratamiento de la maternidad adolescente, pero me veo en la obligación de reducir mi comentario al respecto: me quedé dormido a la media hora. Hasta ese momento sólo fui capaz de escuchar los típicos diálogos pretendidamente ingeniosos tan propios de éste tipo de cine, y que a mí me cargan bastante debo decir. De hecho, la protagonista parece en permanente competición consigo misma con vistas a superar la gracia anterior en cada frase que suelta. No emitiré un juicio ya que no puedo decir que objetivamente la haya visto. Si a alguien le da pistas que yo me quedara frito que lo haga bajo su exclusiva responsabilidad.

30 días de oscuridad (30 days of night, 2007). Un pueblecito de Alaska ve como cada año el riguroso invierno les somete a un período de 30 días de oscuridad total, circunstancia que aprovechan una cuadrilla de vampiros para hacer las típicas travesuras propias de su especie, esto es, abrir la yugular de todo lo que se mueva. Al pueblo diezmado sólo le queda la esperanza de su sheriff, un Josh Harnett inexpresivo como un tarugo pero diestro en el manejo del hacha, para acabar con la terrible amenaza. El ritmo es más pausado de lo esperable en éste tipo de películas lo que hace que la gelidez propia del ambiente polar se torne gelidez narrativa. Tampoco ayudan unos gesticulantes chupasangres que no paran de hacer muecas y que, para colmo, están liderados por un cabecilla que se las da de intelectual a base de solar frases enigmáticas, a modo de aforismos, que no hay quien entienda. Al final uno se queda de piedra cuando comprueba que todo es una excusa para hacer apología de los valores familiares, sin que ello sea obstáculo para intercalar copiosas dosis de hemoglobina y gore.

Patinazo a la gloria (Blades of glory, 2007). Los USA disponen de una hornada de cómicos que no siempre cuajan en Europa. El humor zafio y de brocha gorda que exhiben no siempre es del gusto del viejo continente, y a veces con toda la razón. Ésta película es un buen ejemplo y en ella tenemos la inverosímil historia de dos glorias del patinaje artístico masculino, uno delicado como una flor y otro soez como un eructo, que deciden unir fuerzas ante una competición mundial de la que se encontraban apartados. Por lo general, el antagonismo de los protagonistas es el principal detonante de situaciones cómicas, escasas y flojas, donde unos genitales en plena cara son considerados algo así como el summun de la comicidad. Tan sólo logró arrancarme alguna que otra sonrisa durante su visionado, paupérrimo bagaje que echa por tierra la prometedora premisa inicial. Me entran sudores sólo de pensar lo que Pajares y Esteso hubieran conseguido con ese guión en sus buenos tiempos.

En busca de la felicidad (The pursuit of hapyness, 2007). Por éste filme de hace un par de años Will Smith recibió una nominación al Oscar. Pese al doblaje al castellano se adivina un trabajo bastante eficaz de la precoz estrella de la TV, hoy convertido en solvente actor, en ésta historia que tiene sus luces y sus sombras. Desde un punto de vista narrativo, uno sufre con el devenir del protagonista, que parece estar en el mundo únicamente para padecer toda clase de males mientras se empeña en cumplir su “sueño americano”. No le importa sufrir humillaciones o ver a su hijo dormir en el suelo, su sueño lo justifica todo y no se contemplan alternativas. Una filosofía muy yanqui desde una perspectiva intelectual y que no puedo concluir sin desvelar el final, pero que uno agradece que no sea la imperante en Europa.

Monstruoso (Cloverfield, 2008). Uno de los taquillazos del año en los USA cuenta los desesperados desvelos de unos jóvenes neoyorkinos por sobrevivir al ataque que su ciudad sufre a manos de una gigantesca y enigmática criatura. La novedad reside en que la narración se hace desde el punto de vista de uno de los protagonistas que todo lo va filmando cámara en mano, por lo que las imágenes atropelladas y la acción deslabazada es una constante durante toda la película. Ésta perspectiva es algo nuevo en el cine de mostruos, que casi siempre centra su atención en el bichejo de marras, y traslada el protagonismo a los personajes humanos y las vicisitudes que sufren como consecuencia de la destrucción sembrada (que recuerda por momentos a la vinculada con el 11-S). De ahí que casi sea más justo situar a Monstruoso al lado de paradigmas del cine de catástrofes de los 70 que junto a Godzilla, a pesar de las evidentes analogías con ésta última. Lástima de actores de nulo carisma, ya que sin monstruo que echarse a la boca (sólo aparece tangencialmente y la especulación sobre su origen y/o circunstancia es inexistente) todo el peso de la cinta recae sobre ellos. Pretende ser verosímil (dentro de lo que es un film de éste cariz) pero es bastante increible que alguien mantenga la pasión filmadora mientras se ve inmerso en el caos y el terror que vemos descrito. Los aproximadamente 20 primeros minutos, hasta que Nueva York comienza a recibir los primeros ataques, son lo más aburrido que he visto en años y la expresión “Dios mío” se debe repetir como un millón de veces. Una curiosidad sin más.

28 días después (28 days later, 2002). La segunda obra de Danny Boyle (el director de la afamada Trainspotting) que me permito glosar en ésta entrada tras Sunshine fue vendida como una nueva vuelta de tuerca en el cine de terror en su variante de zombis, aunque en puridad no son zombis los protagonistas de la función. Los infectados por el virus que provoca la epidemia que asola el Reino Unido no mueren para volver a la vida presos de un irrefrenable fresesí criminal, sino que éste se apodera de ellos a los pocos segundos de verse infectados, sin período de incubación y sin privarles de movilidad ni agilidad. Efectivamente, es una visión novedosa que se aleja del arquetipo zombi construido a partir del cine de George A. Romero, en cuyas películas nunca se han podido ver a zombis corriendo a toda velocidad. Salvado éste choque con el tópico, la cinta entra en terrenos más profundos y farragosos que podrán satisfacer al mismo tiempo que contrariar según lo que uno espere de éste tipo de cine, retratando lo peor de la naturaleza humana que se termina revelando como la verdadera amenaza. Difícil encaje que no termina de cuadrar por los numerosos cabos que uno tiene que atar por su cuenta, pero la peli se deja ver a pesar de su final infantiloide.

3 comentarios:

  1. Increíblemente, creo que no he visto ninguna, salvo la de 28 días después.
    Por cierto, si te quieres echar unas risas con las múltiples y apabullantes cagadas científicas de The Core y Sunshine, te recomiendo que le eches un ojo al blog Malaciencia, sección películas (enlace)

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  2. Es que la clave para disfrutar de éste tipo de pelis es dejarse llevar por el argumento y no hacerse demasiadas preguntas. Que la magia del cine lo haga todo, aunque nadie sepa de lo que habla. Pero que al menos lo parezca.

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  3. He visto todas menos "Patinazo a la gloria" y "En busca de la felicidad".
    Me gustaron, aunque "El núcleo" era puro y simple espectáculo.

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