jueves, 26 de enero de 2012

Los prejuicios tenían condenado a Camps, pero la Justicia no

Francisco Camps ha sido declarado "no culpable" y sus detractores están que se tiran de los pelos. Cuestionan la legitimidad del proceso, la imparcialidad del tribunal, las facultades del jurado para valorar las pruebas y la propia capacidad de la Justicia para impartir ídem. Poco he hablado en esta bitácora del caso Gürtel. Soy un lego en derecho y no pretendo saber más que jueces, fiscales y abogados. Por muy mal que me caiga el sujeto, he intentado que mis prejuicios contra él no me llevaran a juzgarle al margen de los tribunales. Apenas he vertido opiniones sobre la Gürtel en ningún foro o blogs en los que participo, más allá de mofarme de Camps por cuestiones ajenas al proceso judicial.

Muchos de los que pueblan la acera izquierda de la vida política española se habían hecho una idea de la culpabilidad de Camps en base, precisamente, a esos prejuicios. Se le tiene por un tipo asqueroso, que da grima, con pinta de baboso de esos con restos blancuzcos en las comisuras de la boca; prepotente, chulo, pijo y que ha dejado arruinada a su Comunidad Autónoma. Un político que gana elecciones por amplia mayoría pese a encarnar el paradigma del corrupto. Se le tenían tantas ganas que solo se podía esperar un veredicto de culpabilidad. La Justicia no podía estar tan ciega.

Pues no. Se le tenía que juzgar y el veredicto es de no culpable, esto es, las pruebas que hay no son suficientes para condenarle más allá de una duda razonable. Y este precepto sirve para tod@s. ¿O algun@ querría que se le tratase de otra forma?

Las posturas previas hacia su persona tenían condenado a Camps de antemano, y me gustaría saber quien tiene el valor de reconocerlo ahora. Que sí, que es un indeseable, pero es un político español. ¿Qué esperábamos? Eso no le convierte en autor de cuanto se le impute. España es país de juicios paralelos en cualquier ámbito. Dicen que todos los españoles llevamos dentro un seleccionador nacional de fútbol. Y un juez, añado yo, aunque no se tenga ni zorra idea de leyes ni de procedimientos judiciales. Yo me niego a atrincherarme en mi ideología, por distinta que sea a la de alguien tan sospechoso como Camps. Que sí, que me cae mal, que me parece odioso, pero eso no me lleva a arrogarme unas facultades para la interpretar las leyes que no poseo.

Habrá recurso, supongo, y se podrán afinar más las pruebas de lo que se ha hecho en primera instancia. A ver si sus acusadores se lo curran más esta vez. Opinar desde la silla de casa sobre asuntos tan especializados es como hacerlo desde la barra del bar con el chato de vino enfrente y el palillo entre los dientes mientras se ve "Sálvame". El mundo en muchas ocasiones funciona de forma distinta a como parece desde los medios. Esos medios, tan imparciales y honestos, que nos hacen ver tan hábilmente aquello que queremos ver. Malditos, saben lo que su público reclama, y se lo dan. Ojalá se hundan todos.


Y con el caso Urdangarín vamos por el mismo camino. Primero se crea el ambiente propicio a la situación X, favorecido por los que desean ese desenlace. Luego la resolución es de signo contrario y la conclusión es que la justicia es una mierda¿Fue también una mierda cuando fue archivado el caso de las sedaciones del Dr. Montes? ¿O cuando se resolvió el caso Bono a favor de los policías inicialmente inculpados? ¿Ha sido una mierda con el 11-M? ¿Con todos los etarras condenados y con los que no lo fueron, que también los ha habido? No seamos ombliguistas ni nos volvamos locos. También hubo absueltos relacionados con la época de la corrupción felipista. ¿No somos capaces de evitar caer en los mismos errores?

miércoles, 25 de enero de 2012

Tercer capítulo de mi petición de apostasía

Continúo mi peregrinar en busca de mi ansiada apostasía. En vista de la carta recibida tras enviar mi petición, he tenido que volver a la parroquia donde fui bautizado para que el párroco firme y me vea firmar el formulario que me enviaron desde el Arzobispado. Asimismo, me aclara que una vez enviada la partida de bautismo no tiene sentido que me la vuelvan a solicitar, que esa carta es una carta tipo que no está redactada ex-profeso para contestarme. Incluso se ha ofrecido ha hacer una gestión para dejar claro que mi partida de bautismo ya está en poder del Arzobispado, lo cual es de agradecer.

Pero, ah, alguna treta tenía que haber. En la susodicha carta se habla de que el formulario ha de ser cumplimentado ante el párroco "de mi domicilio". ¿Y puede saberse qué es eso? ¿Qué obligación tengo yo de saber cual es el párroco que me toca por zona, según criterios eclesiásticos, cuando hace tres décadas que solo piso una iglesia por razones turísticas o con motivo de una boda? En la misiva no me aclaran el dato, dando por hecho que yo tengo que saberlo o que tengo el cometido de enterarme.

Yo hasta este momento solo había acudido a mi parroquia de bautismo, y a esa es a la que volví para firmar la declaración de apostasía. Pero el párroco, que, todo hay que decirlo, se ha mostrado de lo más colaborativo, rozando incluso la indiferencia, me advierte que esa no es mi parroquia y que tendría que ir a "la que me toca" por zona. Insisto, yo no tengo por qué conocer la parroquia que "me toca" porque no soy cristiano y no tengo interés en ello, por mucho que la Iglesia me considere así. Pese a todo, el hombre ha dado fe de mi solicitud y la ha firmado. No obstante, iré a la que me asignan con una copia del formulario y enviaré los dos para asegurarme. Con esta gente no hay que dejar cabos sueltos.

Una vez que las tenga escribiré otra carta explicando el proceso, acompañada de una copia de la partida de bautismo que YA tienen después de habérsela yo remitido en mi primer envío. Si tras esto siguen dándome largas concluiré no solo que hay mala fe sino que ni siquiera hay intención de disimularla. Espero que esto no sea el comienzo del largo peregrinar que he visto descrito en otros casos de solicitud de apostasía.

lunes, 23 de enero de 2012

Preguntas y respuestas sobre la descargas en Internet

¿Hay que proteger la propiedad intelectual?

Este es el quid de la cuestión, la piedra filosofal, el nudo gordiano de toda polémica sobre descargas de material protegido. Pienso que una obra de creación requiere de esfuerzo, tiempo y talento. Esa obra tiene un propietario, y es él quien únicamente tiene derecho a decidir acerca de como ofrecerla al público. No creo que nadie más que él, o quien él resuelva, y bajo las condiciones que él disponga, tenga derecho a hacer uso de su obra. El único derecho del consumidor es el de adquirirla o no. Yo estoy a favor de la existencia de la propiedad intelectual y de su protección. Luego podemos valorar si los términos que hoy la regulan son mejores o peores, pero este principio básico es esencial y hay que tenerlo claro para enfrentar un debate serio sobre las descargas masivas en Internet.

¿Pagar ADSL me da derecho moral a descargar sin límite?

Pagar el ADSL no implica el acceso gratuito a los contenidos que uno quiera. Es como si por abonar el billete del AVE de Madrid a Sevilla uno se creyera con derecho a alojarse gratis en el hotel que le diera la gana. Suena tan ridículo como si pagar electricidad cada mes te permitiera adquirir gratis cualquier electrodoméstico. Sería genial, pero el mundo que conocemos no podría sostenerse así. Son cosas distintas, servicios diferentes.

¿El gran número de abonados de Megaupload demuestra que es falso que en Internet triunfe el “todo gratis”?

Conozco a un puñado de personas que compartían una cuenta premium en Megaupload y pagaban cada uno 8 euros AL AÑO. No es gratis pero se le parece mucho. A cambio, bajaban a su antojo películas y series de su amplísimo catálogo a velocidades estratosféricas, y cada uno de ellos accedía de forma individual y separada con la misma cuenta y clave. Era un chollazo de tres pares de narices, dicho mal y pronto. ¿Esa es la alternativa al negocio de pago? Pienso que así solo se consigue demonizar a todo aquel que proponga modelos alternativos al imperante, también a aquellos que no atacan los derechos de autor.

¿Tiene uno derecho a bajarse de la red lo que le plazca?

Es evidente que no. Uno tiene derecho a bajarse el contenido que ha recibido el beneplácito de su propietario para ser descargado. Lo que no es explícitamente gratis no puede cogerse. De toda la vida esto ha sido robar. Lo que ocurre es que el paradigma legal aún no se ha acomodado a lo que entrañan las nuevas tecnologías y ha cogido la legislación de los distintos países con el pie cambiado. Pero que se terminará regulando es el lógico final de esta historia. No puede ser de otra forma, así que más vale que nos vayamos mentalizando.

¿Quien se ha lucrado con Megaupload?

Obviamente, sus responsables. Hagamos cálculos: multipliquen 80 euros de suscripción premium al año por 180 millones de suscriptores en todo el mundo. ¿Qué hay que decir de todos aquellos que han convertido en millonario al propietario de Megaupload? ¿Aquí ya no hay reticencias éticas a la concentración de capital? ¿No mientras se tenga el disco duro bien lleno?

¿Puede el usuario imponer al propietario las condiciones de venta de su producto?

En relación a las descargas me sigue pareciendo increíble la cantidad de gente que EXIGE el consumo de material que NO es suyo en las condiciones que ELLOS, y no su propietario, dicen. Esto se deduce de la insistencia en que la industria ha de cambiar de modelo de negocio y adaptarse al modelo derivado de los hábitos, poco éticos, de quienes demandan el cambio. Dejar de consumir parece que no entra en sus esquemas y descargar material protegido lo consideran algo así como un derecho adquirido. Si un usuario no estima “razonable" el modo en que el propietario de una obra de creación pone a la venta su producto, lo que tiene que hacer es renunciar a su consumo. No es defendible que se busquen vías impropias para adquirirlo si estas lesionan derechos legítimos legalmente reconocidos. Nadie obliga a consumir cine o música. No estamos hablando de productos de primera necesidad.

¿Debe la industria audiovisual cambiar su modelo de negocio?

La industria puede (y debería, si aspira a sobrevivir) adaptarse a los tiempos, qué duda cabe. Lo que considero ilegítimo es la presión ejercida por los apóstoles de las descargas masivas, los cuales intentan que ese cambio se produzca a su favor y bajo la presión y amenaza del pirateo masivo de miles de obras.

¿Es lo mismo "cultura" que "entretenimiento"?

Estamos viviendo unos tiempos en los que el término “cultura” está muy sobrevalorado y se está vaciando de contenido. Urge hacer distinción entre “cultura” y “entretenimiento”. Me cuesta creer que durante el último año se hayan producido descargas intensivas de la obra literaria de James Joyce. La cultura no tiene que ser elitista, pero tampoco debemos convertir en cultura cualquier producto audiovisual. ¿Es cultura la serie Dexter? ¿La saga cinematográfica  Transformers? ¿Aída? ¿Águila roja? ¿Los discos de Bustamante o de Lady Gaga? ¿El libro recientemente publicado sobre Rafa Nadal? Ante la duda, y para defender las descargas, parece que todo queda englobado bajo el paraguas de "cultura". No puedo estar más en desacuerdo.

¿Se admitirá sin recelos la Ley Sinde si esta es finalmente aplicada?

Quienes defienden las descargas afirman que el streaming o las descargas sin ánimo de lucro son legales y que la justicia, según las sentencias que se conocen, les da la razón. Cierto, pero si se aprueba la Ley Sinde será legal cerrar una web sin pasar por el juez. ¿Tendrán, llegado ese momento, idénticos escrúpulos a la hora de respetar la legalidad?

¿Hay alternativa a las descargas a día de hoy?

Claro que la hay, la he mencionado más arriba: no consumir. No veo una mejor forma de presionar con vistas a modificar el modelo de negocio audiovisual que salas de cine vacías y tiendas de discos y librerías sin clientes. Y sin menoscabar los derechos de nadie. ¿Tanto cuesta renunciar a nuestro pasado de picaresca?

domingo, 22 de enero de 2012

Cuanto más nos quiten, más trabajaremos para compensar lo que nos quitan


Este es un diálogo atribuido a Jean-Baptiste Colbert, ministro de la corte del rey Luis XIV de Francia, el llamado "Rey Sol" y al cardenal Mazarino. La reproducen distintas webs no demasiado relevantes (esta es la que más de las que he encontrado) así que no tengo modo de verificar su autenticidad. Pero es tan revelador que no puedo resistirme a difundirlo, con independencia de que la conversación realmente tuviera o no lugar.
Durante el reinado de Luís XIV de Francia:
Colbert: Para conseguir dinero, hay un momento en que, engañar [al contribuyente] ya no es posible. Me gustaría, Señor Superintendente, que me explicara como es posible continuar gastando cuando ya se está endeudado hasta al cuello...
Mazarino: Si se es un simple mortal, claro está, cuando se está cubierto de deudas, se va a parar a la prisión. Pero el Estado... ¡¡ cuando se habla del Estado, eso ya es distinto!!! No se puede mandar el Estado a prisión. Por tanto, el Estado puede continuar endeudándose. Todos los Estados lo hacen!
Colbert: ¿Ah sí? ¿Usted piensa eso ? Con todo, precisamos de dinero. ¿Y como hemos del obtenerlo si ya creamos todos los impuestos imaginables?
Mazarino: Se crean otros.
Colbert: Pero ya no podemos lanzar más impuestos sobre los pobres.
Mazarino: Es cierto, eso ya no es posible.
Colbert: Entonces, ¿sobre los ricos?
Mazarino: Sobre los ricos tampoco. Ellos no gastarían más y un rico que no gasta, no deja vivir a centenares de pobres. Un rico que gasta, si.
Colbert: Entonces cómo hemos de hacer?
Mazarino: ¡Colbert! ¡¡Tú piensas como un queso de gruyere o como el orinal de un enfermo!! ¡¡Hay una cantidad enorme de gente entre los ricos y los pobres!! Son todos aquellos que trabajan soñando en llegar algún día a enriquecerse y temiendo llegar a pobres. Es a esos a los que debemos gravar con más impuestos..., cada vez más..., siempre más! ¡¡Esos, cuanto más les quitemos, más trabajarán para compensar lo que les quitamos!! ¡¡Son una reserva inagotable!!
Y así, uno acaba convertido en esclavo porque, a fin de cuentas, peor es no trabajar y uno ha de considerarse afortunado de, al menos, ser esclavo.

jueves, 19 de enero de 2012

Respuesta del Arzobispado de Madrid a mi petición de apostasía

Ya he recibido contestación del Arzobispado de Madrid a mi petición de apostasía. Es cierto que los precedentes no invitaban al optimismo, pero aún así preferí dejar a un lado los prejuicios y esperar la mejor de las resoluciones. La carta recibida hoy invita tanto al chascarrillo como a la indignación, pero no representa ningún obstáculo insalvable. O eso quiero pensar.

La misiva episcopal comienza señalando algo que ya sabía: los libros bautismales no son un registro ni una base de datos, sino que simplemente reflejan un hecho cierto, tanto da que sea un bautismo como la tala de un árbol. Luego continúa enumerando las consecuencias -terribles- de mi decisión de abandonar el seno de la "fe cristiana" (yo pensaba que a lo que renunciaba era a la Iglesia Católica, pero ellos sabrán como emplean el nombre de Cristo), como son:

 - Exclusión de los sacramentos. Mi vida pende de un hilo al enterarme.

 - Privación de exequias eclesiásticas, a no ser que antes de la muerte se hubiera dado alguna señal de arrepentimiento. Total, desde pequeñito lo que me mola es el rollete ese del crematorio, la ceniza y la urna.

 - Exclusión del encargo de padrino para el bautismo y la confirmación. No creo que nadie jamás tenga el mal gusto de invitarme a ejercer semejante papel.

 - Necesidad de licencia del Ordinario del lugar para la admisión al matrimonio canónico. Lo siento, pero no me veo haciendo un Letiziaortiz.

A continuación me desvelan los requisitos necesarios para el abandono de la Iglesia (¿pero no era la "fe cristiana"?), y que fueron ya declarados en mi solicitud, a saber: mayoría de edad, pleno conocimiento de las consecuencias y ausencia de coacción. No tienen pruebas de que haya sido coaccionado pese a dar por sentada la posibilidad pero... ¿qué digo? ¿Qué significado tiene el concepto "prueba" para alguien que cree que un ente ultrapoderoso está ocupado en vigilar cada uno de mis movimientos mientras en el otro extremo del mundo mueren docenas al día por falta de alimentos y sin que nadie les asista?

Después de esto ya empieza el cachondeito. El sr. secretario de la Vicaría General, firmante de la carta, me emplaza a una reunión para "mantener una conversación" más "personal". La otra opción es firmar ante un notario el formulario de declaración de apostasía que se me adjunta. Por suerte para mi bolsillo me ofrece la alternativa de acudir al cura de la parroquia que me corresponde para que sea él ante quien firme y quede así acreditada mi identidad. Les envíe en mi solicitud fotocopias de mi DNI compulsadas en comisaría, pero para el Arzobispado de Madrid la Policía Nacional no debe ser una institución suficientemente fiable.

Y la traca viene en negrita, nada menos. El sr. secretario de Vicaría General primero afirma que no existen copias digitales de los libros bautismales (¿acaso he mostrado interés por ellas?) y, por tal motivo, le es imposible localizar mi partida de bautismo. ¿La misma partida de bautismo que les envié en mi carta de solicitud de apostasía, sr. secretario, y que me hicieron llegar ustedes? Llegados a este punto la tomadura de pelo ya es indisimulable, hasta el extremo de pedirme otra copia original de la partida de bautismo, que tendré que volver a pedir, vía párroco de mi barrio, al mismo Arzobispado que me la exige.

Estoy mirando al mismo tiempo que escribo la copia escaneada de lo que ya les remití, y pone "Certificación de partida de bautismo", firmada de puño y letra por el Vicario General. Ahora me piden el "Certificado original de la partida de bautismo". ¿Soy yo o me está pidiendo el mismo documento que ya han recibido? Porque ante semejante dislate uno tiende a pensar mal. No tuve problema en recibir la primera partida de bautismo, pero tampoco declaré para qué la quería. Ahora que tienen una petición de apostasía con mi nombre sobre la mesa, ¿serán igual de diligentes? Uno ha leído lo suficiente acerca de otras solicitudes como para presuponerle buena fe a esta institución.

Por fin, la carta finaliza asegurando que si cumplo con todo lo que me piden darán curso a mi demanda y anotarán mi decisión en la partida de bautismo, cancelando además mis datos en cualquier listado o archivo de la Iglesia. Pueden estar seguros de que comprobaré si son capaces de cumplir con su palabra.

Se despide el sr. Secretario de Vicaría "encomendándome al Señor" para que me guíe por el camino correcto en caso de llevar completamente a término mi petición. Como si eso tuviera algún significado para alguien que desea apostatar. Y concluye dejándome la puerta abierta a reingresar en el seno de la Iglesia en el momento que lo reclame. Como pasa con las mafias, las sectas y las operadoras de telefonía lo chungo es salir, no entrar.

Seguimos luchando.

miércoles, 18 de enero de 2012

El fútbol gratis en televisión es crucial para la felicidad de los españoles

Hoy he disfrutado de otra de esas conversaciones en las que uno termina con los pelos convertidos en escarpias. El tema era el fútbol como objeto de interés social. La conversación dividió a los contertulios en defensores de la emisión de fútbol en la televisión pública de forma gratuita y quienes desaprobamos esta práctica. Para ser más claros, y por explicar mi postura, la TV estatal no debería pujar por obtener los derechos de retransmisión del fútbol profesional, no a los niveles en que se está moviendo en la actualidad. Frente a mí tenia a un par de elementos, muy futboleros ellos, que se indignaban ante la sola posibilidad de que dejara de emitirse fútbol en abierto. Hay que decir que a quien defiende esto le es indiferente la cadena que lo televise, pero el debate se centró en la TV pública, en lo que debemos considerar "servicio público" y si el balompié merece encuadrarse dentro de esa categoría.


Voy a permitirme presumir que hay mucha gente deseosa de que nunca haya que pagar por ver fútbol en televisón. Si se trata de la pública, yo estoy en contra. Las cadenas privadas que quieran emitirlo, una vez adquiridos los derechos de emisión, están en su derecho de hacerlo llegar a su audiencia de la manera que más les convenga, y yo ni entro ni salgo en ese aspecto. Pero a mi juicio una TV pública no debe competir con sus rivales privadas por un producto tan desorbitadamente caro, mucho menos aún si la situación de la tele estatal es deficitaria como así es. No en algo que, en el fondo, no es más que entretenimiento (y apósito para calmar penurias en según que individuos, pero no es por ahí por donde quiero ir). La TV pública debe cumplir un servicio que le marca su propio nombre: público. Es cierto que el fútbol gusta a una gran masa de gente, pero también el porno es algo con una gran número de seguidores y no se plantea emitirlo en La 1 después del Telediario.


No, los criterios que han de imperar en los contenidos de una TV pública han de ser amplios y elásticos, buscando satisfacer la demanda del mayor número de espectadores posible, pero no deben entrar a competir en el mismo terreno que las privadas. Estas últimas solo tienen un objetivo que es su viabilidad económica, su rentabilidad. La Televisión del Estado debe quedar al margen de la lucha por las audiencias y del objetivo económico por encima de todo. Esto, por descontado, no es incompatible con la búsqueda de unas cuentas saneadas y una audiencia amplia, pero nunca debe ser el principal leit motiv de una estructura audiovisual sostenida con el dinero de todos. En el momento en que esto se produzca, no merece la pena seguir manteniéndola.


Volviendo al tema, me da que la eliminación del fútbol en abierto no iba a ser demasiado bien aceptada por el común de los españoles. Es curioso que para este españolito medio el fútbol es muy importante, tanto como para rebelarse ante la posibilidad de tener que pagar por verlo, pero no lo suficiente como para costearlo de su bolsillo. Y es más, no solo rechazan la posibilidad del fútbol de pago en TV sino que su pretensión es que eso que tanto le gusta y que, por lo que se ve, tanto necesitan, se lo paguemos entre todos. Oiga usted, a mí me gusta Internet y, como lo considero que juega un papel importante en mi vida, me lo pago. ¿Por qué debemos costear los demás un entretenimiento particular tan oneroso para las arcas públicas? ¿Debería el Estado, ergo todos ustedes, abonar mi conexión a la red y, por tanto, mi ocio y entretenimiento?


La sanidad o la enseñanza estatales son elementos de éste estado social que todavía habitamos (vaya ud. a saber durante cuanto tiempo) con un beneficio público objetivo. Se me caen los empastes cuando oigo a alguien hablar del fútbol en televisión en términos equiparables a las necesidades más esenciales. Y me lleva a explicarme por qué aceptamos cada vez mayores retrocesos en nuestro estado del bienestar sin que las costuras de esta democracia de bajísimo perfil que sufrimos comiencen a saltar.

martes, 10 de enero de 2012

Formalizada mi solicitud de apostasía

Hoy ha sido el día en que he hecho efectiva mi solicitud de apostasía de la Iglesia Católica. Entre pitos y flautas me he puesto en enero de 2012 cuando inicié los trámites allá por noviembre del pasado año, pero como tampoco era algo urgente lo he ido relegando en mi orden de prioridades. Finalmente hoy he enviado por correo certificado y con acuse de recibo mi escrito solicitando ser excluido de la Iglesia Católica Apostólica Romana (ICAR).

Había leído en distintos sitios la dificultad de muchas personas para ver satisfecho el deseo de salirse de la secta. En mi caso no he tenido el menor problema con los trámites hasta hoy efectuados. Por ahí se cuentan las trabas que te ponen para obtener la partida de bautismo; hablan de interrogatorios, de preguntas indiscretas y de malos gestos cuando revelas el motivo que te lleva a pedirla. Yo lo recogí a la semana de solicitarlo y no tuve que responder sobre ninguna cuestión. El cura de mi parroquia se mostró muy cordial y no mostró interés alguno en conocer mis razones. Siete días después tenía mi partida de bautismo en el bolsillo.

Escritos declarando la voluntad de abandonar el seno de la ICAR hay muchos por la red y no son difíciles de encontrar. Yo elegí uno que me pareció completo y actualizado al que solo tenía que añadirle mis datos, los de la parroquia donde me bautizaron y los de la diócesis de mi ciudad, dato que también es fácil de conseguir en Internet.

Finalmente solo me quedaba añadir una fotocopia del DNI, la cual es mejor que esté compulsada en la comisaría más cercana, algo que te hacen en el momento de pedirla. Una vez con todo, y para tener la seguridad de que llega a su destino, se mete en un sobre y se envía certificado con acuse de recibo. Hay quien sugiere escribir en el sobre "Apostasía", será para ir mentalizando a quien abra la carta. Yo no lo hice, me basta con tener la certeza de que es recibida. Una vez exista constancia documental de su recepción no pueden desatender la petición. Al menos no de cualquier manera, pero pensemos en positivo y en que no tiene por qué haber mayores dificultades. Tengo como un mes para esperar contestación.

Se que este acto no entraña ninguna consecuencia práctica. La ley no obliga a borrar mi nombre del libro bautismal; a lo sumo, añadir una nota al pie aclarando mi voluntad de no ser incluido allí donde nunca pedí entrar. Aunque esto no es algo de lo que exista obligación gracias a una sentencia del Tribunal Supremo que niega la calificación de registro o "conjunto organizado" de ficheros a los libros bautismales, por lo que no están sujetos a la ley de protección de datos. Lo se y lo asumo. La satisfacción que obtendré cuando lo consiga es puramente moral y absolutamente personal. No espero que ningún católico lo entienda, ni nadie a quien este acto le pueda parecer trivial o gratuito.

Creo que es una buena manera de empezar el año. Las mayores construcciones siempre comienzan poniendo una sola piedra.

viernes, 6 de enero de 2012

Sobre la posible desaparición de Público

Yo era de los que pensaba que con el cambio de gobierno el diario Público crecería, igual que le pasó a la COPE de Losantos tras la llegada de Zapatero al poder. A contracorriente se vive mejor, es como un medio se convierte en contrapoder. El concurso de acreedores en que ahora está sumido este periódico vendría a dinamitar toda esta presunción.


Público nació como algo en teoría necesario dado el panorama kiosquero español. Compré los primeros ejemplares, pero no tardé en dejarlo. Leía los mismos contenidos en Internet, principalmente a Nacho Escolar, el Manuel Rico de Periodismo incendiario, su anterior blog, Íñigo Sáez de Ugarte y el desaparecido Javier Ortiz, habiendo ya pagado por mi ADSL. Reconozcámosle que una apuesta arriesgada por su declarado pronunciamiento ideológico. En ningún momento trató de engañar ni de presentarse como un medio que fuera a buscar lecturas objetivas de los hechos. Pero pronto me di cuenta de que su marcado sesgo me incomodaba.
Al leerlo me parecía estar perdiendo parte del cuadro. No es que sea un periódico mentiroso, es solo que presenta la realidad vista desde un solo prisma, y no estaba dispuesto a leer ABC para contrapesar. No es un medio radical, como a veces sí es La Razón o siempre es La Gaceta, pero carga lo suficiente sobre un solo lado como para que pueda fiarme de lo que dice si quiero hacerme una idea global de lo que pasa. Ideológicamente es más cercano a mi manera de pensar que cualquier otro medio escrito (a El País le he cogido bastante manía) pero eso no es óbice para que busque la información más objetiva posible. Y para eso ya está Internet.
Si Público desaparece será un golpe a la pluralidad del kiosco español, pero más que nada para los que confíen en él como medidor de la temperatura política nacional. Para quienes hace tiempo que solo vemos en el kiosco un vomitorio de mentiras, manipulaciones, ocultaciones y engaños la desaparición de un periódico de papel se torna bastante irrelevante. Más allá de como envalentona a los partidarios del monolitismo político y social que ya comienza a hacerse notar.

lunes, 2 de enero de 2012

Grandes obras de la arquitectura y la ingeniería reloaded

Dada la gran aceptación que en su día tuvo la entrada Grandes obras de la arquitectura y la ingeniería me parece una buena forma de comenzar el año con un segundo capítulo en el que se pongan de manifiesto las inigualables dotes humanas para la chapuza. Seguro que quienes disfrutaron con la primera entrega no se sentirán defraudados con esta nueva edición.

Comenzamos con la aplicación práctica de aquella máxima que dice que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. O quizá el arquitecto tenía en mente a ese padre de familia que, después de tres frenéticas horas en el Carrefour, solo piensa en dejar el coche con el maletero rebosante en su aparcamiento, sin importarle en qué condiciones llegue. Seguro que esta rampa vulnera varias normas de obligado cumplimiento, entre ellas la ley de la gravedad.



Seguimos con un buen ejemplo de lo que la crisis puede acarrearle a la obra pública. Uno no acierta a averiguar si se quedaron sin material para el trozo que falta o solo pretendían gastarle un bromazo a los peatones invidentes.





Si Picasso hubiese sido arquitecto ¿hubiera extrapolado así el cubismo al mundo de la arquitectura? Probablemente no, Picasso no podía ser tan burro.






Puedo imaginarme a los albañiles que hicieron este balcón diciéndose unos a otros: "me da que aquí nos falta algo, pero no se exactamente qué". Bendita crisis inmobiliaria, cuanto tuercebotas te habrás llevado por delante.





No, no se equivoquen. Aquí lo que no cuadra no es el balcón, es la vía. No hay pantalla antisonido que rebaje aquí los efectos del paso del tren. Esta vivienda forma parte del proyecto piloto para reducir el tabaquismo en el ámbito del hogar: el que sale a echarse un pitillo al balcón YA NO VUELVE A FUMAR.




El folleto promocional probablemente rezaba: "Piso céntrico, bien orientado, con terraza MUY LUMINOSA". O también puede ser una promoción especial de viviendas destinada a rumanos: "el Ayuntamiento garantiza la renovación semanal del cobre de la farola".